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Evaluarán la situación de la pesquería
en la sub-cuenca Paraguay-Paraná

La explotación y comercialización de los recursos ícticos del Paraná ha generado opiniones por demás contundentes. Dentro de esa gama de afirmaciones, hay algunos referentes científicos que no dudan en plantear la existencia de una “crisis pesquera”. A partir de estos antecedentes, la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación impulsa un Proyecto de Investigación que tendrá como foco un seguimiento de la pesquería en la subcuenca Paraguay-Paraná. La coordinación del estudio estará bajo la responsabilidad del doctor José Bechara, miembro del Instituto de Ictiología  del Nordeste  de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UNNE. Será el primer diagnóstico a gran escala que se realizará en toda  la zona de Confluencia  de los ríos Paraguay-Paraná después de muchos años.
En esta entrevista mantenida con el doctor Bechara da su opinión sobre el estado de la fauna íctica, la sobrepesca y la importancia de la investigación que está a punto de iniciarse.
-¿Cuál es el diagnóstico de la situación del recurso ictícola del Paraná?.
La realidad es que no hay  un  diagnostico  confiable sobre la situación actual de la pesquería  en esta zona . El objetivo de este trabajo es tener una base de información que sirva para evaluar mejor la situación y en función de esa información tomar decisiones para lograr una explotación racional del recurso. El problema en la Argentina es que  si bien  durante muchos años se llevó adelante una evaluación sobre la captura en la pesca,  a partir de los años ‘80 esa evaluación se interrumpió. Cada provincia intentó llevar adelante a su manera un registro propio y en la mayoría de ellas no tuvieron continuidad, además de no responder a los estándares de la ciencia pesquera. Por lo tanto con este proyecto tenemos la posibilidad de evaluar convenientemente la situación actual del recurso ictícola. Una pesquería responde de manera compleja a muchos factores: los ciclos biológicos de las especies,  la pesca,  el  régimen hidrológico de los ríos,  la contaminación,  el cambio climático global entre otros.
-¿De que manera se puede dimensionar el valor informativo que aportará el trabajo de investigación?.
Con un ejemplo concreto. De la misma manera que existe un registro de la altura de los ríos, a partir del cual se pueden tomar decisiones y hace pronósticos sobre lo que puede llegar a suceder en una inundación, en la pesca no se pueden  realizar proyecciones en base a datos personales  que están cargados de subjetividad . La opinión de los pecadores  es muy valiosa pero hay que mirarla en su contexto y en función de una metodología científica  apropiada .
-El peligro planteado por algunos científicos como el biólogo Norberto Oldani sobre la depredación de las aguas,¿es tal?, ¿usted lo comparte?.
Oldani junto a otros especialistas plantean la situación típica del Paraná Medio Inferior–Bajo Paraná, que no es la nuestra. En segundo lugar, no todos los estudios coinciden con las afirmaciones de estos científicos. La afirmación de Oldani sobre depredación la realiza en función a una especie como el sábalo. Lo concreto es que la situación del sábalo en esa zona es muy diferente a la nuestra, por lo tanto no podemos comparar ni establecer un parangón. En esta zona, el sábalo es muy abundante y  se lo pesca poco, por lo que es muy probable que esté siendo beneficiado por la pesca de sus depredadores (dorado, manguruyú, surubí). Por otra parte, en este análisis hay que tener presente el comportamiento del río. El Paraná no se comporta de la misma manera  que hace tres décadas , porque las represas del Brasil  afectaron incluso la transparencia del agua. El río necesita para producir más, de las oscilaciones de nivel estacionales, es decir de las crecientes de verano y las bajantes otoño-primavera. Actualmente el río ofrece una oscilación menor a años anteriores. Las represas vuelcan agua al río  más agua en épocas que son poco favorables para la producción, como en invierno. Lo normal sería tener menos agua en invierno y mucho más caudal en verano.
-¿Estas condiciones explicarían de alguna manera el comportamiento de algunas especies.?
No el comportamiento  en sí de los peces, sino la cantidad de  biomasa producida por los peces. Lo que tenemos nosotros es un sistema de explotación pesquera que nos dice, “una porción de lo que produce el río se extrae”. Esto hace que en el río aparentemente haya menos peces. Efectivamente hay una disminución, pero ¿qué ocurre  realmente ?. La capacidad de crecimiento de esos peces aumenta. Cuando uno extrae del río piezas, lo que se hace es liberar espacio  y alimento  para que los peces  de menor tamaño crezcan más rápido. Entonces la producción global del sistema aumenta.
Para que se entienda este razonamiento-dice Bechara- suelo dar un ejemplo práctico y simplificado: si yo tengo un negocio que no vende nada, el local estará lleno de mercaderías. Alguien que entra puede decir “este negocio es próspero porque está lleno de productos”, pero en realidad es porque no vendo  nada . Si empiezo a vender tengo menos mercadería, pero repongo porque tengo que ir cubriendo  la demanda . Cuando llega un cliente ve poca mercadería, y es porque mi reposición no alcanza a cubrir todo lo que se vende. Pero evidentemente produzco mucho más  en términos económicos.  Evidentemente si la demanda supera la oferta el negocio se quedará sin mercadería completamente y si no puede reponer con la suficiente rapidez deberá finalmente cerrar, lo cual es un caso comparable a un colapso pesquero.
- Su posición tira por tierra aquellas afirmaciones que hablan de una situación crítica de la ictiofauna del Paraná como consecuencia del abuso de la pesca.
Un río no explotado es un río en el que  nadie va a pescar. En un río dónde se pesca, al cabo de poco tiempo la cantidad de peces baja, cada pescador obtiene menos piezas, pero el rendimiento global de la pesquería es mucho mayor. Uno no puede percibir el rendimiento global de la pesca sino a través de  su propia experiencia y la de los amigos que realizan la actividad .   Entonces se termina concluyendo de que  " no hay más peces en el río " . No es así. La pesquería se mantiene, porque la pesca del dorado, del surubí, del pacú sigue existiendo y hay ejemplares  que se venden en las pescaderías , numerosos concursos de pesca se repiten año a año, los turistas llegan en grandes contingentes y los pescadores comerciales continúan sustentándose de la explotación del recurso. Un colapso de  la  pesquería  o una crisis pesquera significaría que todas esas especies no sean capturadas en número suficiente para mantener esas actividades que no podrían desarrollarse más. Solo podríamos pescar peces menores, como dientudos, mojarras o pequeños bagres, que a pocos le interesan.  
-¿El sistema funcionando como está actualmente tiene riesgo de colapso?.
Bien , con el estudio queremos saber cuan lejos o cerca estamos de ese punto de colapso  y   con  cuales  especies. Porque no se está trabajando con todas las especies. Tenemos en esta zona una pesquería  comercial o artesanal fuertemente sesgada a especies “de cuero” en las que están: las dos especies de surubí, el patí y una especie de manguruyú. Le siguen en importancia mucho menor, los armados, el sábalo, la boga y el pacú. Siguiendo un orden luego vienen el bagre amarillo y el manduré.  Estos últimos no son importantes en cuestión de peso,  pero pueden llegar a cubrir alguna demanda  estacional .  Pero entre el patí y el surubí se llevan  aproximadamente el  60- 70 por ciento de lo que se pesca en la zona de confluencia.
Esta pesca se mantiene,  pero  la cantidad de pescado por pescador bajó. Esto lo evaluamos comparando un registro actual en Puerto Antequera con una pesca de  fines   de los años  80. La conclusión que obtuvimos es que hay una disminución en tamaño, peso medio de las piezas  y rendimiento de la pesca, especie por especie. Eran cifras que nosotros esperábamos, porque es una respuesta clásica y "de libro" a la explotación moderada.  La reducción de la pesca comercial no fue tan marcada como se puede suponer y fue compensada por una pesca diferente. Ya existe  una  tendencia  a  ir  en  busca  de  otras especies, como el armado por ejemplo. Eso hizo que el rendimiento  total  por  pescador se mantenga constante , si incluimos a todas las especies.  Es decir, hubo una mayor diversificación de las capturas, tanto en la pesca comercial como deportiva o recreativa. 
-Volviendo a un concepto al que se refirió y que es preciso que quede claro, ¿es muy arriesgado decir que hay una depredación del río?.
Más que depredación sería correcto hablar de sobrepesca. La depredación es un término familiar  y muy usado,  pero en sentido estricto todos  los seres humanos en cierto modo somos depredadores o actuamos como una especie depredadora . Tenemos sospechas  de que la pesca deportiva es más importante que la comercial, y que existe una explotación considerable de algunas especies, por ejemplo para el surubí  o el dorado . De todas maneras no me quiero adelantar a decir que no existe sobrepesca, antes de que hayamos finalizado el estudio. Pero la poca evidencia con la que se cuenta nos permite sospechar que  tal cosa no existe en la zona de Confluencia. Es decir, esto es lo que nosotros llamamos una hipótesis de trabajo, que queremos aceptar o rechazar con los datos que colectemos.  Con este estudio queremos saber hasta cuanto puede tolerar nuestra pesquería una explotación. ¿Hasta dónde podemos crecer  con los modos actuales de pesca?. Queremos saber ¿Cuánto se extrae del río  en la zona?.  Todo esto a partir de una medición confiable de la pesca comercial y deportiva, dato que no se conoce.
-¿Cómo se realiza el estudio?.
Con el muestreo de capturas periódicas a lo largo de un año , de los pescadores comerciales y recreativos. La zona de estudio será el eje de los ríos Paraná y Paraguay, entre Formosa y Reconquista. Queremos ver  también si el río Paraná se comporta de manera distinta al Paraguay.  Es nuestra segunda hipótesis de trabajo.  El río Paraguay tiene una carga de sedimentos  muy alta y un régimen de caudales  diferente al Paraná. Tenemos la sospecha de que hay más de una población  para algunas  especies en las márgenes de ambos ríos. Veremos si  es conveniente adoptar criterios diferentes de gestión de la pesca en cada caso. Estableceremos a través de un sistema científico de captura y muestreo lo que se denomina parámetros poblacionales pesqueros. Con esto obtendremos: tasas de crecimientos, mortalidad, el porcentaje de peces que mueren debido a la pesca y naturalmente; índices de mortandad total. Este método de trabajo permite una observación  que no tendrá sesgo y  nos permitirá tener una idea cabal de  lo que realmente sucede  dentro de  un cierto margen de error  conocido y estimado estadísticamente.
-¿Hay leyes que tratan de evitar la sobrepesca?. ¿Los órganos de contralor funcionan correctamente?.
Si hay normas, pero es una pregunta que habría que trasladarla a los organismos gubernamentales correspondientes. Lo que nosotros podemos apreciar en el río es que no hay un control muy estricto. Ahora, de nada sirven  las leyes  y los controles si no existe la voluntad y la conciencia en los pescadores de respetar las normas existentes. Ellos deberían ser los mejores guardianes de las leyes, porque son sin dudas los más interesados en que el recurso se preserve. Por eso en este estudio, esperamos contar con su colaboración para obtener mejores datos de campo, que esperamos retribuir aportando un análisis que beneficie a su actividad.

 

Importancia de las crecientes

“Es clara  y marcada la fluctuación en las poblaciones de peces  de un año a otro ” señala Bechara. “La producción depende en gran medida de las crecientes del río. La merma en la pesca  en los últimos años es también el reflejo de un período  de varios años con crecidas  poco importantes en el verano. Esto es fácilmente comprobable según los registros del período 1999-2005”.  Las crecidas de un río se ven reflejadas en la abudancia de las poblaciones varios años después de acuerdo a la longevidad de cada especie. 
“Las crecidas de primavera y verano son importantes para la producción, por toda la dinámica que tienen los peces. Gracias a las crecientes ingresan a la planicie, a las lagunas dónde cumplen su ciclo vital como juveniles”.
Si el nivel del río no es el óptimo,  muchos  peces  jóvenes  mueren  ya que  no tienen refugios y son comidos fácilmente por los depredadores, además de no tener alimento suficiente   lo que resulta en una menor producción pesquera a largo plazo. Estas son condiciones que no se vienen cumpliendo en los últimos veranos.