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Ingeniero Juan Prause
El cambio climático en el NEA y su
repercusión en la actividad agropecuaria

Especialistas en climatología consideran que ya hay evidencia de un cambio climático en las distintas regiones de la Argentina. Concretamente en zonas como la Cuenca del Plata, Santa Fe, Corrientes y Chaco, ya se registran una mayor frecuencia de tormentas y el aumento de la variabilidad climática, lo que conduce a eventos extremos: se alternan sequía e inundaciones en poco tiempo de diferencias.
Considerando que esta región nordeste asienta su economía en la agricultura y la ganadería, El Universitario dialogó con el ingeniero agrónomo Juan Prause, docente de la cátedra de Agroclimatología de la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNNE, para conocer los mecanismos que cuentan los productores para hacer frente a este nuevo escenario climático y la manera de atenuar sus efectos.
“La variabilidad climática en la región, sobre todo en el Chaco, es reconocida desde hace décadas. Es verdad que ahora se acentuó”, señala Prause.
-¿A que se denomina variabilidad climática?.
Es la impredescibilidad del cambio del clima en un lapso relativamente corto de tiempo. Es decir la alternancia de períodos secos, húmedos, inundación y sequía. En zonas como en el Chaco siempre han ocurrido. Pero también es cierto que ahora son más frecuentes. Lo mismo sucede en Corrientes, Misiones y Formosa.
-Los períodos de sequías en la región, ¿son los mismos o se ampliaron?.
Son los mismos. Tuvimos períodos muchos más prolongados en el tiempo. El año pasado la sequía duró casi 7 meses en el Chaco. Sin dudas es la manifestación de un cambio climático. Pero hay antecedentes de períodos similares como los registrados en 1938, 39, 40. Ahora, que los ciclos de sequía sean más frecuentes, también es cierto. Podemos buscar el orígen de esa variabilidad climática, a la expansión de la frontera agropecuaria; a una tremenda presión sobre el monte, que en este momento quedó reducido a casi nada; al monocultivo del algodón a principios del siglo pasado, que provocó el agotamiento y erosión de los suelos; y actualmente por el monocultivo de la soja.
Según el ingeniero Prause, el productor puede sortear los ciclos de sequía de dos maneras: sembrando antes o después del período o eligiendo un cultivo que escape a esos meses de escasez de agua.
-Planteemos un escenario hipotético. Supongamos que son más reiterados los períodos de sequía. ¿La ciencia cómo puede ayudar, al productor?.
Aclaremos primero que la sequía no define un clima, pero si la aridez. Pero tanto en la aridez como la sequía, hay una relación entre las precipitaciones y las temperaturas. La sequía es accidental, puede ser periódica o permanente. Hay sequías que son previsibles, en la región tenemos una neta influencia de los vientos monzones. Esto significa que las mayores precipitaciones se dan en la época primavero estival y las menores en el invierno, especialmente en julio-agosto. Podemos esperar sequías en esos meses, de ahí que sean consideradas estacionales y previsibles. El productor puede esquivarlas sembrando antes o después de ese período; o eligiendo un cultivo que escape a esos meses difíciles.
Para Prause el problema se plantea cuando la sequía se prolonga en el tiempo y deja de ser típica, para transformarse en una no prevista, como sucedió el año pasado. “En ese caso la única forma de evitar la sequía es regando. En esta zona los cultivos que se riegan son: los hortícolas, la producción flores principalmente en Corrientes y el arroz” añadió el docente de la cátedra de Agroclimatología.
-¿Hay otro tipo de técnicas a la que el productor pueda recurrir?.
Si el productor tiene información sobre las probabilidades que haya una sequía, se debe preparar para enfrentarla con un buen barbecho. Es decir, dejar el suelo descansado, no cultivado, con un residuo de cosecha picado sobre el suelo. Esto lo protegerá de la insolación y de la acción del viento que  lo erosiona y seca. La otra medida que el productor tiene a su alcance, es almacenar agua en el perfil del suelo. Son acciones que le permitirán llegar a la fecha de siembra con “algo” de humedad en el suelo. La situación crítica se plantea, cuando la sequía se prolonga. En ese caso hay poco por hacer.

 

Tormentas e Inundaciones
“De las tormentas no nos podemos defender” dice Prause . Para eso señala como ejemplo lo que sucede en la región Cuyana “allí se producen granizadas periódicas y la única defensa que tienen en estos momentos los productores son los seguros agrícolas”. El investigador se apura en decir que no recomienda este paliativo por su elevado costo.
Con respecto a las frecuencia de las inundaciones, el ingeniero Prause considera que es producto del desmonte que aún se realiza. Uno de los casos testigos es lo que ocurre en el Impenetrable chaqueño. “Antes no se producían inundaciones frecuentes. Luego de una lluvia de 60 mm no había inundación. El monte capta el agua de lluvia, allí es retenido por las hojas, las copas de los árboles y se infiltra al suelo, tan solo un 10 por ciento se escurre del monte”.
Con respecto a eso último el investigador sugiere que todo campo debe contar con un sector con monte. Prause la define como la “alcancía del productor agrícola”. ¿A que se debe esta curiosa definición?. “Cuando una cosecha falla, el productor puede extraer del monte algunos productos derivados, como miel, madera etc. Por otra y como lo señalamos, defiende al productor de las inundaciones, porque absorbe mucho agua. El agua cae y se infiltra en su vegetación. Dónde hay monte no hay una correntía, no hay erosión del suelo en una zona de llanura como ésta”.

Las tres “S”

El productor deberá tener en cuenta a las tres “S”: suelos, semillas y sanidad. En base a eso va a girar el avance tecnológico en el sector agrícola de la región nordeste. Las prácticas conservacionistas del suelo están muy estudiadas y permiten adoptar medidas con respecto a distintas situaciones. “Una cosa es el suelo cuando está inundado, porque hay que proceder de una manera; y otra muy distinta, cuando está bajo la presión de la sequía”, acota Prause.
En segundo lugar las semillas. Se deben controlar que sean de calidad, y fundamentalmente las fases fenológicas de los cultivos. Es decir las distintas etapas en donde desaparecen o se transforman los órganos de una planta. Conociendo esta información, se puede saber en que fase es más necesaria una determinada condición climática.
“Pero en todos los casos, se debe hacer usual la consulta a los profesionales especializados o bien a organismos de asesoramiento como los Ministerios de Producción  o el INTA”, señaló Prause.